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Más retenciones para una agricultura del siglo XIX

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Si hay algo que el campo no necesita ahora son los rumores. Sin embargo reacciona ante ellos. La versión de que el Gobierno aumentaría en cinco puntos los derechos de exportación a la soja se esparció a la velocidad de la luz y paralizó los mercados. Con los rumores es prácticamente imposible detectar quien los originó. Un ejercicio habitual que suele hacerse en estos casos es preguntarse a quien beneficia la hipotética información. Aquí, de inmediato surgieron las conjeturas. Que los compradores están necesitados de mercadería por la ociosidad de las plantas de procesamiento y que el Gobierno quiere que productores vendan lo que todavía tienen en sus manos (apenas un 30 por ciento de la última cosecha). Si esas conjeturas fueran ciertas hasta ahora no cumplieron con su cometido porque la primera reacción fue la de parálisis. En estos casos, la incertidumbre es lo peor. Como publicó La Nacion, en el Ministerio de Agricultura reconocieron que ese incremento está siendo estudiando el Ministerio de Economía. Hoy, el que tiene las riendas del Palacio de Hacienda es el secretario de Política Económica, Axel Kiciloff, a quien los rumores le atribuyeron la autoría de la idea de aumentar las retenciones. Hay un artículo que el economista escribió en el diario Página12 en marzo de 2008, cuando se desató la pelea por la 125, que sirve para entender por qué está en favor de las retenciones al campo y, quizás, por qué impulsaría su aumento. Kiciloff se basa en los economistas David Ricardo (clásico) y Alfred Marshall (neoclásico) que sostenían en el siglo XIX que la agricultura era diferente de otras actividades económicas porque se asienta sobre determinadas condiciones naturales (fertilidad del suelo y clima) que le permiten tener ventajas que, por ejemplo, la industria no tiene. “Condiciones naturales más favorables significan menores costos y las tierras argentinas históricamente han permitido producir con costos menores, en relación con otras zonas, incluso a escala mundial. Es por eso y no por la pericia inigualable de los terratenientes argentinos, que llegamos a convertimos en el granero del mundo “, escribió Kiciloff en el suplemento Cash de Página 12. La agricultura del siglo XXI en la Argentina y en la mayor parte del mundo, es diferente de la que se practicaba en el siglo XIX. Es cierto que la región pampeana presenta condiciones mucho más favorables que las zonas áridas para la agricultura extensiva. Pero si no hubiera agricultores y una cadena de producción integrada esa supuesta prosperidad natural no tendría destino alguno.

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