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Molinos harineros y feedlots, dos sectores en riesgo


La escasa oferta de trigo y el cierre de la exportación afectan a los molineros; el bajo precio y el alza de los costos internos complican a los engordadores.
En el país del trigo y de la carne, el río se ha revuelto bastante en los últimos años para los molinos harineros que se nutren de los productores trigueros y para los dueños de feedlot, que en un momento apareció como la panacea, pero que a partir de las complicaciones para exportar se tornó un negocio inestable.
La industria molinera, una de las primeras del país y con 200 años de historia, se vio beneficiada por la baja del precio de su principal materia prima, provocada por el cierre de las exportaciones trigueras. Pero pronto eso se volvió en contra, puesto que el cierre del mercado externo desalentó la producción, derrumbó la oferta e infló los precios.
En medio, los molineros recibieron compensaciones del Estado (se estima que se les otorgó en total unos $ 6000 millones), pero muchos no aguantaron el cimbronazo y tuvieron que cerrar. Diego Cifarelli, presidente de la Federación Argentina de la Industria Molinera, dice que las compensaciones anduvieron bien hasta que se cortaron el último día de 2011. “Quedó un crédito que después el Estado terminó cancelando con la mayoría de los molinos”, señala el directivo.
Ahora, el gran problema para esta industria, integrada por 200 empresas entre las que se destacan Cargill, Lagomarsino y Molino Cañuelas, es el cierre de la exportación de harina. “Muchas compañías tratan de soportar la situación después de un trabajo de 15 años para explorar mercados externos -comenta Cifarelli-. Esperemos que el próximo mes se libere esa traba.”
Los números hablan por sí solos. Mientras que en 2012 se produjeron 5,3 millones de toneladas de harina para el mercado doméstico y se exportaron 1,2 millones de toneladas, este año se estima que se volcarán a la plaza local 5,2 millones de toneladas y se irán al exterior solo 400.000. “Esto hace que 45% del parque industrial molinero esté ocioso, algo que los empresarios soportan a la espera de una solución”, cuenta Cifarelli.
Una empresa que exportaba 5000 o 10.000 toneladas por mes, dejó de ganar este año $ 100 millones. El Estado también perdió: no sólo los US$ 65 millones que hubiera obtenido por las retenciones (13% sobre un precio internacional de US$ 500 por tonelada de harina); sino también los US$ 800 millones que hubieran entrado por las ventas externas.
La Argentina exportaba principalmente a Brasil y Bolivia, pero también a otros 20 destinos que ahora quedan en manos del principal competidor Turquía, y del segundo exportador mundial, Kasajistán. La industria harinera espera recuperar el tercer puesto en 2014 y pelear por el primero en 2015. Pero mientras se continúe con una política que desalienta la siembra de trigo, ese objetivo seguirá lejano (mientras que la media histórica de producción triguera en el país es de 14 millones de toneladas, este año solo habrá 10 millones, de los que la industria molinera absorbe 7 millones).
La menor oferta de trigo provocó que los molinos tuvieran que pagar US$ 750 la tonelada de trigo que en el mercado internacional costaba US$ 250. “Por eso la harina llegó a valer casi $ 400 la bolsa de 50 kilos; pero ya eso se normalizó y se ubicó en los $ 250. Teóricamente debería bajar el precio del pan”, explica un directivo de una de las cinco empresas molineras más grandes del país.
En tanto, los dueños de feedlot (engorde a corral) recién ahora vislumbran una luz de esperanza, de la mano de una mejora en el precio de la carne. Estuvieron muy golpeados en los últimos años por la obligación de abastecer primero al mercado interno con cortes baratos, los permisos de exportación (ROE) que complicaron sus ventas externas, el aumento del maíz, el atraso cambiario y el 15% de retenciones.
Santiago Doval, presidente de la Cámara Argentina de Feedlot, dice que para que sea sustentable su negocio se necesita mejor precio, porque no puede ser más cara una pizza que un kilo de lomo. “El costo de producción aumentó mucho en los últimos dos años, porque aumentó el maíz y el costo de la estructura”, agrega el directivo.
José Treviño, dueño de la empresa Tajsa, que, entre otras cosas, tiene engorde a corral, pinta el panorama de su sector. “Tengo un feedlot con capacidad para 8000 cabezas, en Magdalena, pero hoy estoy con 5500 animales -señala-. Por cómo nos fue en el negocio este año, que la rentabilidad no fue la esperada, el aumento de la carne llegó tarde.”
Treviño destaca que vienen con el precio congelado hace tiempo y recién el último mes aumentó 15 por ciento. “Nos arrastró la inflación, subieron los gastos de estructura (personal, combustible, etc.). Los precios no acompañaron la inflación. El precio del novillo gordo estaba hasta hace 15 días al mismo valor que en los últimos tres años, entre $ 10 y 11,50; ahora está entre $ 13,50 y 14,30”, precisa el productor.
El atraso en la actualización del valor del novillo gordo hizo que se descalzara con el principal “insumo” del feedlot, el novillo flaco, cuyo precio sí subió mucho. “El sector engordador tiene el problema de que hay una aceleración del aumento del precio de la invernada con relación al del gordo; con lo que compramos cara nuestra «materia prima» y vendemos barata nuestra producción”, lamenta Doval.
Doval relata que en los últimos años muchos feedloteros cerraron: algunos porque dejó de ser atractivo el negocio y otros porque tomaron malas decisiones al pensar que el precio iba a subir. “No solo no subió; sino que en algún momento bajó”, concluye.

En el “granero del mundo” escasea el trigo

La producción de trigo en el país se estima en 10 millones de toneladas este año. El promedio histórico es de 14 millones de toneladas. Bajo condiciones normales, los molinos absorben 7 millones de toneladas, el resto queda como semilla, carry over, y exportación directa de granos. El cultivo de trigo está desalentado en el país, por el cierre de exportaciones.

Por Carlos Manzoni | LA NACION