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Economía en rojo: se fue un año con muchos perdedores

El contexto poco favorable para los negocios, con alta inflación y restricciones para importar y exportar, hizo que varios sectores sufrieran malos resultados
La carta de la empresa Elektra en octubre del año pasado no podía ser más clara. Palabras más, palabras menos, decía que se iba de la Argentina porque el entorno macroeconómico restaba viabilidad a su operación y no estaba dispuesta a soportar más la alta inflación, el control cambiario, las restricciones para importar y exportar, y el candado al flujo de capitales. Su diagnóstico de la situación fue acertado, ya que ésas fueron las razones por las que 2013 fue un año en el que casi todos los sectores económicos perdieron.
Al igual que el grupo mexicano dedicado al negocio de los electrodomésticos y al financiamiento de sectores no bancarizados, también la minera Vale, el pool de siembra El Tejar y la agroquímica Mosaic hicieron las valijas, junto con otra veintena de empresas extranjeras que levantaron campamento cuando vieron que la tormenta no sólo no amainaba, sino que empeoraba. Pero no todas las firmas pueden hacer lo mismo, como tampoco los comerciantes, consumidores y usuarios de servicios públicos, muchos de los cuales despidieron el año sin luz, sin agua y sin saber si el ajuste de sus salarios empardará a la inflación.
Entre todos los perdedores del año emerge el sector inmobiliario, con cifras desoladoras: según José Rozados, director de Reporte Inmobiliario, desde enero hasta octubre de 2013 cayó 27% el número de escrituras firmadas en la ciudad de Buenos Aires, respecto de igual período de 2012. Si a eso se le suma la caída de 35% en 2012 respecto de 2011, se llega a un derrumbe total de 62% desde que está el cepo al dólar.
Dante Sica, director de abeceb.com, destaca que también la molienda de trigo cayó 12%; la exportación de vinos, 18%; la producción de biodiésel, 18,4%, y las ventas externas de la minería, 19 por ciento. Además, fue el año en que se hicieron visibles las consecuencias nocivas de la mala política en servicios públicos.
El derrumbe inmobiliario, que se vio reflejado en la caída de 64% de la superficie presentada para construir en la ciudad de Buenos Aires, desde enero hasta octubre de 2013 respecto de igual período de 2012, pegó duro en las inmobiliarias. Rozados cuenta que algunas subsisten gracias a reservas acumuladas en años buenos, pero que en varios casos hubo restricciones de personal y cierre de sucursales. “Muchas inmobiliarias chicas cerraron el local a la calle y empezaron a atender por teléfono, para bajar gastos”, acota.
Otro grupo que se vio salpicado por esta situación fue el de los escribanos. Estos profesionales tuvieron una significativa reducción de sus honorarios, debido a que su trabajo disminuyó ante la menor firma de escrituras, un servicio que les proporcionaba buenas ganancias.
Una mirada hacia el agro, la vaca lechera que aportó dólares en tiempos de auge de las commodities, muestra que también ahí 2013 fue malo. Ricardo Negri, economista de CREA, afirma que fue quizás el peor año de los últimos diez, sobre todo para las economías regionales. “Esto es así porque el tipo de cambio no es competitivo y los costos suben al ritmo de la inflación”, explica.
Un caso histórico y paradigmático fue el del trigo, que vio materializadas en 2013 las consecuencias negativas de una mala política aplicada desde 2008. El esquema de cupos de exportación (ROE) desincentivó la siembra y producción en los últimos cinco años, lo que llevó a que en el “granero del mundo” se sufriera la escasez triguera. Pronto, eso impactó en el precio: en octubre de 2013, la tonelada de trigo que acá valía US$ 750 se cotizaba US$ 280 en Kansas, Estados Unidos. Ahí está parte de la explicación de que el kilo de pan llegara a costar $ 20.
Santiago del Solar, productor agropecuario de la bonaerense Rojas, dice que en 2013, con el trigo, perdieron todos: el Gobierno, por la menor recaudación; el productor, por el desincentivo a la siembra; los contratistas de maquinaria agrícola, porque disminuyó el área por sembrar; los semilleros, por la no venta de semilla; los laboratorios de fitosanitarios; los cosecheros y transportistas, por tener menos trabajo; los brasileños, con quienes se incumplieron contratos, y los consumidores locales, que pagaron el trigo más caro del mundo.
Además, en 2013 creció la presión fiscal de las provincias, que se sumó a la ya alta carga tributaria nacional. Según Negri, para un productor agrícola del norte de Santa Fe la presión fiscal es de 89 por ciento. Dicho de otro modo, de cada $ 100 que gana el productor $ 89 van al Estado nacional (95%), provincial (4%) y municipal (1%). “Para el norte de Buenos Aires y sur de Santa Fe es 74%, por la menor incidencia de los fletes”, precisa el economista.

La mayor asfixia fiscal trajo aparejado un mayor endeudamiento del productor: en 2012 pedía prestado 30% de sus gastos para sembrar, mientras que en 2013 esa cifra se elevó a 40%, según CREA. Por eso, Negri afirma que la salida de El Tejar y Mosaic son sólo síntomas de la enfermedad que tiene el agro en la Argentina. “Se van las que pueden, porque las pymes se tienen que quedar acá”, dice el economista.
Un análisis de la consultora Orlando Ferreres y Asociados (OJF) muestra que en 2013 siguieron los pasos de Elektra, entre otras, la neozelandesa Sealord (vendió la pesquera Yuken), la española Axel Hotels, la italiana Telecom, la belga Sulvay Indupa y la estadounidense Starbucks. El mismo informe menciona a algunas que achicaron su operación local, como la brasileña Petrobras, la japonesa Sanyo, la alemana Basf y la estadounidense Apache (todas vendieron una parte a compradores argentinos).
Julián Batista, analista de Negocios de OJF, dice que una empresa extranjera hace el siguiente cálculo: resta los costos a los ingresos y a eso lo multiplica por el tipo de cambio. Es decir, mide si tiene rentabilidad o no. Después, mira si puede sacar el dinero al exterior y sabe que, mientras dure este gobierno, será imposible girar divisas afuera, porque los dólares son escasos. “Por eso se va -concluye el economista-. Y esto se dio más en 2013, porque fue el año en que se empezó a descontar con más claridad que se producirá un ajuste y una crisis.”
En tanto, al mercado automotor le quedó un sabor amargo, pese a haber terminado el año con un récord de patentamientos (955.023, según la Asociación de Concesionarios). En una de las principales automotrices comentaban que el impuesto a los bienes suntuosos, que grava con entre 35 y 50% de impuesto a los autos importados, preocupa por el impacto que podría tener en las ventas de los segmentos medios en 2014.
Las terminales argentinas, especializadas en autos medianos y camionetas, muchos de ellos alcanzados por el nuevo impuesto, podrían bajar la producción de ciertos modelos que por precio dejan de ser atractivos para la gente. Eso sería un fuerte golpe para la plantilla de empleados de un sector que ya sufrió suspensiones de personal.
Otro de los sectores que en su momento fue incentivado por el Gobierno y que cayó en desgracia en 2013 fue el del biodiésel. Luego de un crecimiento ininterrumpido durante los últimos cuatro años, la producción cerró el año con una sensible caída de 18%, según abeceb.com. El virtual cierre del mercado europeo (el bloque absorbía cerca de 90% del total exportado por el país) tras la implementación de un dumping a las exportaciones argentinas y la decisión de España de dejar afuera a la Argentina de los cupos de importación complicaron a la industria.
También la minería perdió el año pasado. En los primeros meses del año, recibió la noticia de que la brasileña Vale abandonaba el proyecto Potasio Río Colorado, en Mendoza, con lo que se perdían 4000 puestos de trabajos y US$ 6000 millones de inversión. El devenir de 2013 no le deparó ninguna mejora: Barrick anunció que suspendía a 1500 empleados en su obra de Pascua Lama, debido a la decisión de desacelerar su construcción. Es más, la mayoría de los 400 proyectos de exploración en el país están parados.
Esto hizo que los especialistas del sector revieran las proyecciones que habían hecho sobre la capacidad exportadora de la minería: en 2011 se calculaba que en 2016 las exportaciones mineras alcanzarían los US$ 16.65 millones; mientras que en la actualidad se considera que para esa fecha la cifra será de sólo US$ 6667 millones.
Por el lado del consumo, hubo poco para festejar por parte de los comerciantes, ya que no se observaron mayores variaciones en las ventas en términos reales, respecto de 2012. Gabriel Molteni, economista de la Cámara Argentina de Comercio (CAC), comenta que, si se tiene en cuenta que el consumo fue el motor del crecimiento en años anteriores, está claro que ha habido una desaceleración en los últimos dos años.
Es precisamente una menor demanda lo que tiró hacia abajo los números del sector textil, algo que hizo mella en un aumento muy moderado de las ventas. Con un muy mal primer semestre, el repunte de los últimos meses del año no alcanzó para llevar a la actividad a un terreno positivo, por lo que, según Sica, de abeceb.com, terminó con una caída de 1% respecto de 2012.
El turismo no dio tampoco motivos para la alegría, ya que, según el Indec, llegaron al país en 2013 menos turistas que en 2012, 2011 y 2010. En el tercer trimestre de 2013 (último completo publicado) ingresaron 585.007 turistas, mientras que en igual período de 2012 entraron 607.403. No sólo eso; sus gastos bajaron: mientras que en el tercer trimestre de 2011 y 2012 el gasto diario promedio fue, respectivamente, de US$ 109,9 y 90, en igual período de 2013 fue de US$ 76,7.
También fue 2013 un año de perdedores para los servicios públicos, ya que, tal como explica Santiago Urbiztondo, especialista en esta temática, de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), se hicieron evidentes las consecuencias negativas de la mala política regulatoria de los últimos diez años.
Un nuevo accidente ferroviario en la línea Sarmiento puso de manifiesto el grave problema que sigue aún sin resolverse en infraestructura vial. En el plano energético, en tanto, si bien el déficit de la balanza se arrastraba desde antes, fue el año pasado cuando se hizo más visible la endeble situación por la que atraviesa el sector. “Además, se empezó a ver que los mayores subsidios tienen un costo para la sociedad -señala Urbiztondo-; porque antes se pensaba que eran inocuos, pero ahora se empezó a ver que vienen acompañados de emisión monetaria y pérdida de reservas.”
Algo que ya no escapa a la vista de ningún habitante del país es el tremendo deterioro de la calidad de los servicios públicos. Una realidad que, según Urbiztondo, tiene su origen en otro deterioro, el de las tarifas de esos servicios, que cayeron 70% desde 2001 hasta la actualidad. “Edenor, Edesur y Edelap son las que más perdieron, porque algo se reajustaron los valores, pero eso no sirvió de nada al lado del 600% de inflación acumulada en los últimos 12 años”, subraya. “La «máquina de la felicidad» de las tarifas bajas tiene sus consecuencias y ahora las empezamos a sufrir”, agrega.
Será por eso, quizá, que mientras las grandes capitales del mundo despidieron 2013 con fastuosas luminarias, los argentinos contaron los minutos a oscuras, con el deseo de que se fuera de una vez por todas un año en el que hubo muchos perdedores.

Por Carlos Manzoni | LA NACION