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Los pumas son un dolor de cabeza para los rodeos de cría

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Ante la falta de liebres y vizcachas, sus alimentos naturales, buscan cabras u ovejas. Y si estas escasean, como pasa en las sierras, van en busca de potrillos y terneros. Los productores piden que haya un control poblacional
La intervención del Gobierno en los mercados, las contingencias climáticas y el aumento de los precios en dólares no son los únicos problemas que deben afrontar los productores agropecuarios. Para los pocos que aún persisten en la actividad ganadera, los ataques de pumas se están transformando en un flagelo que atenta contra sus stocks, sobre todo en las áreas marginales de la Pampa Húmeda, como gran parte de las provincias de Córdoba y de San Luis, y las áreas ganaderas de La Pampa, coincidiendo con el sistema boscoso conocido como El Espinal.
Una columna de opinión del productor pampeano Pedro Álvarez Bustos en el portal Pregón Agropecuario, reavivó esta semana la polémica por la creciente población de pumas y su efecto sobre la hacienda. Para este abogado y hombre de campo, la disminución de las majadas en la provincia de La Pampa obedece, en gran medida, a la acción depredatoria de los pumas, cuya proliferación provocó también que se haya reducido la cantidad de vizcacheras, por siempre uno de los alimentos naturales de los pumas.
En el mismo sentido se pronunció el contador Julio Echenique, dirigente de la Sociedad Rural de Río Cuarto quien se dedica a la ganadería de cría en la zona serrana cercana a Alpa Corral.
Pero no todo queda en el monte de caldenes ni en las sierras, lo mismo ocurre en la zona pedemontana o en el llano, ya que los pumas también encuentran hospedaje en los cañaverales, cañadones o costas de ríos y arroyos de estas provincias.
«Nosotros estamos viendo que la población de pumas es cada vez mayor porque vemos que hay más proliferación de estos animales y cada vez hay más ataques a la ternerada y a los potrillos, porque la vizcacha, que era su alimento natural, ya prácticamente no existe en las sierras», afirmó Echenique, para añadir que el puma ha ido mudando sus hábitos alimenticios. Primero busco animales menores, como cabras y ovejas, pero como la zona se fue deshabitando hay menos majadas, y entonces se volcó a los más chicos de otras especies como los vacunos y equinos.
«Se ve que olfatean la sangre de la parición y empiezan a seguir a la madre con su ternero y a los dos o tres días el ternero desaparece literalmente porque lo comen totalmente. Dejan solamente el cuero», destacó.
Mencionó también que el puma mata y come una parte del animal, y luego tapa el resto con ramas y tierra, para volver a comer al otro día (ver recuadro). «Nosotros hemos encontrado esos restos y a veces les pusimos trampas, pero es un animal tan astuto que huele algún rastro humano y huye sin caer en la trampa», precisó.
Para el ruralista, los ataques de los pumas son fuente de pérdidas importantes y obligarán a los productores a tomar algunas medidas, un tema que a su juicio también debería ser tomado en cuenta por las autoridades de la provincia de Córdoba, ya que la caza del puma está prohibida por la Ley provincial 8789, siendo la Agencia Córdoba Ambiente, la autoridad de aplicación de la legislación vigente. «De lo contrario, esta especie protegida se transformará en una verdadera plaga», enfatizó.
En su columna, Álvarez Bustos pidió directamente que se deje sin efecto la prohibición de cazar a los pumas en su provincia.
Desde Villa Mercedes, Carlos Cavadore, presidente de la Sociedad Rural Río Quinto, dijo que ya es normal perder varios animales al año por los ataques de pumas, aunque por el momento no hay casos alarmantes. Los ataques son esporádicos y con pocas pérdidas.

Pérdidas al destete

Rafael Marcenaro, criador de bovinos de Río de Los Sauces, comentó a este medio que los ataques de pumas contra los rodeos proliferaron por el 2001/2002, se calmaron por unos 10 años y volvieron con fuerza hace unos dos años, ocasionando un tercio de las pérdidas esperadas entre el nacimiento y el destete, que representan el 3% de las pariciones. «Y son mayores aún en los campos más desprotegidos y de difícil acceso, al punto que muchos criadores dejaron la actividad porque la mayoría de las vacas bajaban después de parir pero sin sus terneros», enfatizó.
También Hugo Fessia, productor de la zona de Olaeta, sabe del ataque de los pumas. «Teníamos una vaca con dos terneritos que fueron comidos por los pumas en un ataque tan feroz que también le arrancaron el cuero de los costados a la madre», señaló, para manifestar que a su juicio también hay cada vez más pumas.

Rápido y certero
El puma es un animal carnívoro oportunista que no consume carroña y de hábitos nocturnos. De día se queda en la madriguera con sus crías y por la noche sale a cazar, utilizando el acecho silencioso. Espera que su presa esté a corta distancia y salta sobre su lomo. Se sujeta con las garras delanteras a los hombros de su víctima y con las traseras a sus flancos, matándolas con mordeduras atrás del cuello. Su ataque es rápido y seguro, raramente tiene que volver a saltar. Una vez que la presa ha muerto, el puma la arrastra a un lugar apartado, bajo algún árbol o arbusto. Cuando ha terminado de comer, cubre parcialmente los restos, con hojas, palos y tierra, antes de retirarse a dormir a un lugar cercano. Las víctimas de los pumas muestran marcas características de su ataque. En ellos se advierten profundos surcos en el cuero causados por los zarpazos y hendiduras en el cuello y cara provocados por mordeduras. Gran parte de este párrafo ha sido extraído de un trabajo de Julieta Von Thungen, INTA Bariloche, y citado por los docentes de la cabaña «Pozo del Carril», de la UNRC, luego del grave ataque que sufrieran en 2010.

Corrales preventivos contra los pumas
El doctor Santiago Ginés de Gea, creador y responsable de la cabaña «Pozo del Carril» que funciona en el campo de la UNRC en La Aguada, revivió para Tranquera Abierta el lamentable episodio que les llevó prácticamente un tercio de la majada de ovinos de la raza Corriedale que en este momento está inscripta en el registro genealógico de la Sociedad Rural Argentina. «Fue una experiencia muy impactante, pero felizmente y quizás por las medidas que tomamos, ha sido el único ataque hasta la fecha», afirmó, para explicar que a su juicio fue una puma con sus cachorros la que los atacó en el año 2010 causando la muerte de 17 ovejas a lo que hubo que sumar dos o tres animales heridos más.
«Suponemos –agregó- que fue una puma que le estaba enseñando a cazar a sus cachorros, porque cuando aparecen tantos animales diezmados y muy poco aprovechados, porque a lo sumo comen uno o dos, es porque la madre está entrenándolos en el arte de la caza. Esto lo sabía ya de la época en que mi familia tenía un campo cerca de La Carlota, que todos los años era visitado por los pumas, que provocaba una mortandad terrible. Sobre todo en las noches de invierno, frías y con neblina, que eran aprovechadas por las pumas para sacar a cazar a sus cachorros».
A raíz de este ataque y luego de compartir experiencias con algunos vecinos, decidieron construir un corral de malla cima de 2,40 metros de alto, que no hace falta que sea muy cerrada, «con 20 cm de cuadrado es suficiente». Con ese material hicieron un corral para el encierro nocturno, utilizando postes de eucaliptus tratado y de 4 metros de altura. Enterraron 1,20 metros los postes y en la parte superior de la malla cima pusieron dos hileras de alambre de púas. «Era un corral chico como para que entraran unos 80 animales, que era lo que teníamos en ese momento, y que durmieran bien apretados para aguantar el frío».
«Felizmente no tuvimos más ataques, aunque no sabemos si fue porque hay menos pumas o porque el corral resultó exitoso», afirmó De Gea, para aclarar que de todos modos, pumas hay en la zona porque el encargado del campo le dijo el otro día que vio a una hembra merodeando con sus cachorros por un cañadón que hay cerca del campo.
Corral y luz
Una experiencia similar vivió Jorge Capellari, de la cabaña de ovinos Corriedale «Don Florindo», ubicada en la zona de La Gilda. Al igual que el doctor De Gea, tras sufrir un severo ataque de pumas optó por encerrar cada noche a sus ovejas en un corral cercano a su casa.
«Cada tanto teníamos algún ataque y perdíamos una o dos ovejas, pero una vez vino una puma con sus cachorros y nos mataron como 20 animales para comerse uno solo», afirmó, para mencionar que desde entonces no dejan una oveja suelta por la noche. «Si queda alguna suelta, algún puma las mata, a pesar de que estamos a más de 1.000 metros del arroyo Santa Catalina, que debe ser el lugar más cercano que tienen para esconderse, ya que los campos de nuestros vecinos están dedicados de lleno a la agricultura», afirmó, para destacar que además le pusieron luces al corral porque al ser un animal de hábitos nocturnos también evitan los lugares iluminados.
Este efecto, aparentemente, es tan eficaz como las dimensiones y la estructura del corral montado en el campo universitario.

Jorge Vicario
PUNTAL TRANQUERA ABIERTA