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«Hay que lograr un punto medio para producir sin dañar a nadie», dice Ferrero

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Para el presidente de CRA, hay que evitar las posturas extremas, como aquellas donde se prohíbe directamente el uso de agroquímicos. Sugirió invitar a concejales y a médicos a las jornadas de capacitación.
Rubén Ferrero, presidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), que en materia de producción agropecuaria, hay que evitar confrontar y buscar soluciones consensuadas entre el sector, el Gobierno y los grupos ecologistas. «Se puede producir trabajando bien y sin afectar a las personas y al ambiente. La idea es lograr un punto medio, un equilibrio, que permita producir en forma sustentable sin dañar a nada ni a nadie», afirmó el dirigente en su visita del fin de semana a Río Cuarto para participar del Seminario Agroindustrial que organizara la UCR.
El Seminario fue cerrado con una disertación de Javier González Fraga sobre la potencialidad de la Argentina para lograr el desarrollo agroindustrial alimentario, y contó con la participación del presidente de la UCR, Ernesto Sanz, y los presidentes de los bloques radicales de Senadores, Gerardo Morales, y de Diputados, Mario Negri, entre otras autoridades partidarias.
Reconoció Ferrero que las tensiones entre la agricultura y los reclamos ambientales es muy fuerte en Córdoba y en otros puntos del país, al tiempo que reiteró la postura de CRA de defender la agricultura sustentable: «Trabajamos fuertemente para hacer una agricultura sustentable y preocupados porque las cosas se hagan bien, porque si hay algún perjudicado, el primero va a ser el productor agropecuario que siempre está en el lugar donde se hace cada práctica, por ejemplo, una fumigación».
En diálogo con el programa «Valor Agregado», de FM Libre, Ferrero recordó además que desde CRA han firmado un convenio con CASAFE para capacitar a los productores y que en su rural de origen, que es la de Rafaela, pusieron en marcha un proyecto para el reciclado de bidones de agroquímicos, un problema que también es preocupante.
«Ahora, lo que debemos es lograr un punto medio, un equilibrio entre lo que significa hacer las cosas bien, hacer una agricultura sustentable, que se pueda seguir produciendo sin llegar al extremo de que no se pueda hacer absolutamente nada», afirmó, para mencionar que cada tanto aparecen proyectos para prohibir el uso de glifosato o para fijar distancias límites que no tienen ninguna razonabilidad técnica. Es el caso de la reciente normativa aplicada en Hernando donde, sumándose a la decisión de una veintena de municipios cordobeses, se limita, sin ningún sustento técnico que lo avale, a una sola la aplicación de productos fitosanitarios de «banda verde», cada dos años, en la «zona de resguardo ambiental» (Hasta los 500 metros de distancia de la zona urbana habitada). Decisión que fue rechazada por la Comisión de Enlace provincial, por entender que se contrapone con la legislación cordobesa y afecta a la producción agropecuaria.
Hizo referencia Ferrero a la participación de las entidades del campo en 2013, en la elaboración de las buenas prácticas agrícolas a través del documento «Pautas para las aplicaciones de productos fitosanitarios en áreas periurbanas», invitadas por el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación. «Un manual que es muy interesante porque se elaboró de manera interdisciplinaria y con mucha seriedad. Lamentablemente, no se puede transformar en una resolución porque debería tratarse de una ley nacional, que todavía nos debemos. Y esa ley debería ser refrendada por cada gobierno provincial para ser aplicada en sus distritos».
No obstante, destacó que desde CRA se les está sugiriendo a las provincias que se basen en ese trabajo porque allí figuran límites a las actividades de fumigación «bastante razonables que, si se cumplen y se hacen las cosas bien, no pueden perjudicar a nadie».
Dijo también que desde su entidad se promueve que en cada reunión técnica para capacitar en la práctica de fumigación, se invite a los concejales y a los médicos de cada población. «Esto es muy importante porque la gente conoce muy poco de esto y se ha trabajado mucho en contra del uso de los agroquímicos cuando en realidad, insisto en que hay que encontrar ese punto medio para que se pueda producir sin dañar absolutamente a nadie». Y reiteró que «no es intención de los productores dañar a nadie sino hacer las cosas de buena manera, no sólo para no afectar al ambiente con los agroquímicos sino también conservar los suelos y la calidad del agua, porque nosotros estamos de paso por esta vida y esta tierra tiene que seguir produciendo por mucho tiempo».
Para el presidente de CRA, Argentina tiene la obligación moral de producir alimentos para un mundo que cada vez necesita de más recursos alimenticios. «Y esto no sólo hay que pensarlo desde el punto de vista del productor, que si no tiene rentabilidad ni condiciones favorables para aumentar su producción, no puede avanzar en este sentido, sino también pensándolo como un país que está siendo demandado por el resto del mundo que no está en condiciones de producir los alimentos que su población necesita», puntualizó.
Hizo referencia entonces a las proyecciones mundiales hacia el 2020, que estiman que la demanda de alimentos tendrá un crecimiento del 15% al 20%, y esa demanda «sólo podrá ser abastecida con mayor producción».

 

Zonas de amortiguamiento

En el documento «Pautas para la aplicación de productos fitosanitarios en áreas periurbanas», al que hizo alusión Rubén Ferrero, presidente de CRA, se establece la necesidad de establecer zonas buffer o de amortiguamiento entre los lotes donde pueden aplicar agroquímicos y las zonas urbanas y/o fuentes de agua.
Luego de evaluar los aportes de técnicos nacionales e internacionales y los antecedentes existentes sobre distintos países, se sugieren dejar zonas de amortiguamiento de 100 metros para las aplicaciones terrestres y de 200 metros para las aéreas. Y dice que esas distancias se podrán reducir a partir de la evaluación que realice el profesional actuante, en consideración a la tecnología disponible, las condiciones climáticas y el producto fitosanitario empleado.
Se recomienda también la aplicación de cortinas forestales llamadas «barreras vivas», a una distancia mínima de 50 metros del perímetro externo de la zona poblada, lo cual favorece los laboreos como limpieza de malezas y/o hojas caídas y control de roedores y otras plagas. Esas cortinas deben tener árboles de hojas caducas y de hojas perennes, y tener al menos tres hileras de árboles, de altura creciente, con arbustos de hasta un metro en la primera hilera cercana a los lotes por fumigar, hasta llegar a árboles de 2 o más metros de algunas en la hilera más cercana al centro poblado.
Entre los antecedentes citados para establecer las zonas de amortiguamiento, se citan los casos de algunos estados de Estados Unidos, con espacios de entre 50 y 400 metros para aplicaciones aéreas y de 15 y 400 metros para aplicaciones terrestres; de Chile, con zonas buffer de 100 metros para predios que colinden con zonas pobladas; de Brasil, con zonas de amortiguamiento de 90 metros a poblaciones y cursos de captación de agua o agrupamiento de animales, para la fumigación terrestre, y de 250 metros para cursos de agua y de 500 para centros poblados, para la fumigación aérea, y de Uruguay, con la prohibición de cualquier tipo de pulverización a 30 metros de fuentes y cursos de agua, de 300 metros para fumigaciones terrestres y de 500 metros para fumigaciones aéreas.

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