
La Guía Estratégica para el Agro (GEA) de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) consideró que la soja de la campaña en recolección 2013-2014 superó extremos y anomalías de un clima salvaje.
Así la campaña comenzó en octubre sin reservas de humedad, en diciembre la ola de calor extremo fue récord, duró 16 días y no tuvo precedente.
«En enero siguió el calor. En los primeros días de febrero apareció un escenario opuesto: en menos de 48 horas cayeron 400 mm que anegaron el NE bonaerense. En esa área el agua dejó 900 mm en los primeros 100 días del año», indicó la GEA.
¿Cómo fue posible que la región núcleo alcance un promedio de 3350 kilos por hectárea en soja de primera con todo esto?, se preguntaron los especialistas.
Un repaso por todo lo que le pasó a la oleaginosa en la zona núcleo en este ciclo arroja que hubo malezas resistentes, explosión de bolillera y enfermedades.
Además faltó radiación y piso para los controles, hubo pérdidas por anegamiento y en cosecha, bajo amenazas de nuevas lluvias, fue muy difícil de transportar el grano por los problemas en los caminos.
«Pasó de todo en este ciclo productivo de soja de la zona núcleo, que se está terminando de cosechar. Hubo 135 mil hectáreas que se perdieron por anegamiento. Los departamentos bonaerenses de San Nicolás, Ramallo, Pergamino y Constitución en Santa Fe quedaron por debajo de los 29 quintales en soja de primera», dijeron.
Pero, el este de Córdoba obtuvo productividades en torno a los 3600 kilos por hectárea: ¿Por qué fueron tan amplias las diferencias de rindes de soja en las distintas áreas de la zona núcleo?.
«La diferencia en la distribución e intensidad de lluvias dentro de la región núcleo durante el ciclo del cultivo es el factor que más impactó en la variabilidad de rendimientos», analizaron los técnicos.
Aunque reconocieron que «los factores bióticos (malezas, insectos y enfermedades) también fueron responsables del descenso del rinde potencial pero no en la misma magnitud».