
El autor del libro «Una amenaza invisible» y reconocido divulgador del peligro por mal uso de sustancias químicas en distintas actividades, considera que así se acabaría con el problema de los bidones tirados
El licenciado Fernando Manera considera que los problemas de contaminación generados por la falta de lavado y de una disposición final efectiva de los bidones donde se envasan agroquímicos, podrían ser solucionados si estos son reutilizados con el mismo fin.
Así lo expresa en un artículo donde señala que el plástico en las últimas décadas se han transformado en un grave problema ambiental por la alta contaminación que se genera, desde su producción, su utilización inadecuada, hasta su desecho como basura, terminando a la orilla de rutas, colgados en alambrados, flotando en ríos, lagos y océanos, o en basurales a cielo abierto en «quemas», liberando al ambiente una alta carga de contaminantes muy tóxicos.
Manera es bioquímico egresado de la Universidad Nacional de Córdoba y ejerce su profesión en Colonia Caroya, donde tiene un laboratorio de análisis clínico y se desempeña como director de Bromatología de la Municipalidad. Ganó reconocimiento nacional e internacional a raíz de su libro «Una amenaza invisible. Los riesgos de enfermar por la exposición a sustancias químicas presentes en el ambiente, alimentos y hasta medicamentos», que se editó por primera vez en 2008. A partir de entonces, ha dado innumerables conferencias sobre el tema -varias de ellas en Río Cuarto y zona- advirtiendo sobre todo por el uso de productos altamente tóxicos a nivel hogareño.
Advierte Manera que si se disminuye la cantidad de plásticos en alimentos, bebidas, utensilios de nuestro hogar y en nuestras actividades cotidianas como por ejemplo nuestros trabajos, evidentemente lograríamos muchos beneficios. Y menciona, entre ellos, un menor gasto de energía y menor contaminación ambiental porque se necesitarían menos envases; también se disminuiría su cantidad en los basurales o su quema, con lo que se liberan contaminantes altamente tóxicos al ambiente, como dioxinas y furanos, y de paso se ingresarían menos compuestos químicos a los hogares, que a veces, por su uso inadecuado, aumentan el riesgo de enfermedades.
Para Manera, el de los bidones de agroquímicos es otro gran problema que se genera con los plásticos, ya que no se encuentra una solución efectiva en cuanto a su destino una vez que se utiliza su contenido.
«Esto es seriamente preocupante. Los he visto desde amontonados en un costado de un corral, algunas veces al lado de cursos de aguas, como ríos o canales de riego; al costado de caminos y rutas, y hasta tirados en viejos pozos de molinos fuera de uso, en contacto directo con la capa de agua. No muchos hacen lo que se exige o sugiere, que es realizar un triple lavado del envase, para que no queden restos que signifiquen un problema para alguien que entre en contacto, luego inutilizar el envase perforándolo», afirma, para agregar que un sistema mucho más sencillo, y aplicable a corto plazo en todo el país, sería la reutilización varias veces de cada recipiente con el mismo fin, es decir, haciéndolo retornable.
La propuesta
Para Manera, la reutilización del bidón contribuiría a disminuir la producción de plásticos, se evitaría un posible destino inadecuado y «no tendríamos que tener el cuidado de que cuando lo reciclen y transformen en materia prima, ésta sea destinada a la elaboración de envases que pongan en riesgo de contaminación de aguas, alimentos y demás productos».
El especialista considera que su propuesta es muy sencilla de llevar a cabo. Cuando se vende el producto, se le cobra al comprador una cifra que puede ir desde un 5 a un 10% más por el envase; cifra esta que le será retornada cuando lo regrese a una empresa vendedora, con el triple lavado ya realizado al lado del equipo aplicador.
En el momento que ingresan a las empresas que venden estos productos, se identifican con el nombre de quien lo retornó, para que con estudios analíticos posteriores, se determine que se haya realizado por parte del usuario el triple lavado como corresponde, que garantizaría que no está llevando un recipiente con riesgo de contaminación para quienes los manipulen ni para el entorno ambiental.
Luego, explica, estos recipientes se trasladan a las fábricas de agroquímicos para su reutilización e ingreso nuevamente al mercado comercial. Con los envases identificados cuando ingresan a las fábricas, le realizarían los análisis de restos (con una forma de muestreo a determinar). Estos resultados determinarían la buena manipulación por parte del usuario, y en caso de detección de irregularidad (residuos de productos por encima del límite establecido), la empresa notificará al estado para que multe al infractor.
De esta forma, para el productor, el envase deja de ser un recipiente de plástico que ya no le sirve, transformándose en dinero que le será reintegrado o descontado en una nueva compra, expresa Manera. Y recuerda que en su libro hace mención a que la propuesta no es nueva, sino que se está utilizando en varios países de la Unión Europea con envases de aguas minerales y gaseosas, por ejemplo, por lo que cobran al usuario 20 centavos de euro, que luego les son devueltos al retornar el envase. Aquí también, una vez puesto en marcha, se podría utilizar con gran parte de los envases plásticos.
«De ponerse en práctica, en poco tiempo no veremos un solo envase dejado en lugares no adecuados; ya que en caso de manejo incorrecto o incumplimiento de este sistema de retorno, se trasformará en una significativa pérdida económica para el usuario», concluye Manera.
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