
Un informe del Cippes afirma que la responsabilidad de la política para ambos sectores fue más determinante que la posible especulación de los privados para el incremento de los valores
La aceleración de precios de la canasta básica que se acentuó a partir de la devaluación de enero y que podría terminar con un 2014 con récord de inflación, tomando el período que comenzó en 2003, desató un variado abanico de interpretaciones.
El Gobierno carga contra grupos concentrados que manejan cómodamente importantes segmentos de la economía mientras que hay economistas que apuntan contra determinadas políticas del Gobierno que terminaron perjudicando la producción, reduciendo la oferta y, por consiguiente, facilitando la escalada de precios.
Dentro de este último esquema, el Cippes (Centro de Investigaciones Participativas en Políticas Económicas y Sociales) emitió un informe en el que explica los perjuicios de las estrategias impulsadas para la cadena de la carne y el trigo.
Ese estudio destaca que los cortes de carne entre agosto de 2011 y agosto de 2014 se encarecieron año tras año. No obstante, su aumento no fue uniforme. Mientras en promedio los precios de los cortes analizados aumentaron un 26% el primer año y un 6% los doce meses posteriores (a agosto de 2013), desde esa fecha hasta la actualidad se dio el aumento más fuerte, con un 55%. En total, por los tres años considerados aumentó un 108%.
Y suma un ejemplo: en términos del bolsillo, en 2011 con $120 se podía comprar cuatro kilos de cortes populares (cuyo valor total ascendía a $118). «Con ese dinero hoy puede comprarse la mitad de dicha canasta, es decir un kilo de asado (a $60) y un kilo de paleta (a $56), mientras que para comprar el kilo de nalga y de cuadril restantes, nos haría falta $129 más», explica el Cippes.
Y agrega: «Estos números no sólo reflejan el tan ponderado efecto inflacionario sino que también son la consecuencia indeseable de una política ganadera oficial que interviene desde hace ocho años el mercado en forma negativa». Y allí destaca que además de la suba de precios se produjo una caída del 25% en la faena durante los últimos cinco años y la pérdida de 132 frigoríficos y 17 mil puestos de trabajo. Como dato adicional, las exportaciones en los últimos 8 años cayeron 77%.
El estudio destaca también que en términos anuales, y al igual que con la evolución de los precios, la producción no tuvo una evolución semejante durante los últimos tres años. Entre agosto de 2011 y agosto de 2012 aumentó levemente un 1,6%, y desde ahí hasta agosto de 2013 lo hizo en un 7,2%. En contraste, desde agosto de 2013 hasta agosto pasado cayó un 12%.
Pan y harina
La harina y el pan son dos de los productos que también tomó el Cippes para el análisis inflacionario y sus razones. «Ambos alimentos se encarecieron y lo hicieron en más del 150% entre agosto de 2011 y agosto de 2014. En términos de precios, éstos configuran algunos de los resultados del modo de intervención que desde 2006 el gobierno nacional aplica sobre las exportaciones de trigo», aseguró el estudio.
Cambios
Durante ese período la harina sufrió una variación de un 280% mientras el pan aumentó 162%.
En este caso también señala el informe que el incremento en la harina no fue uniforme. El primer año la harina subió un 40% pero luego tuvo una fuerte alza del 157% los doce meses siguientes. «Desde agosto 2013 a la fecha aumentó un 6%, mostrando los efectos del freno en el consumo y la demanda principalmente en 2014», explicó el Cippes.
En cuanto a su derivado, el pan aumentó un 24% entre agosto 2011 y un año después, triplicándose al año siguiente (hasta agosto de 2013) ya que trepó un 78%. En los últimos doce meses (agosto 2013 a la actualidad) se incrementó casi un 19%.
A modo de ejercicio, indica el informe, «con sólo $10 hace tres años podíamos comprar un kilo de pan y un kilo de harina ($7,25 el pan y $2,50 la harina). Hoy necesitamos casi $30 para comprar esos productos».
El informe indicó que durante 2013, el pan registró aumentos de casi 120% anual en promedio de los distritos (Conurbano bonaerense, Mar del Plata, Tucumán, Salta y Chaco). Esto fue impulsado en gran parte por el incremento en su insumo principal, la harina de trigo, cuyo precio al consumidor aumentó en promedio un 186%. «Esto demuestra no sólo el efecto del aumento de precios en las cadenas de producción y comercialización de los productos de la canasta familiar, en particular de estos productos básicos, sino también el efecto que dichos aumentos tienen sobre el cálculo del presupuesto familiar», describió.
Por último, el Cippes destaca que «la sola variación en los precios del pan y la harina de trigo agregó un 10 por ciento de incremento en promedio en el nivel general de los precios de los alimentos (CBA). Queda claro que las políticas del Ejecutivo nacional también actúan como «formadoras de precios», concluyó.
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