El Gobierno impulsa un proyecto de ley para que se deje de promocionar solamente a la carne vacuna –que lo financia- y que se ocupe también de las carnes aviar, porcina y de pescado. «Vienen por la caja», dice el ruralismo.
El Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), organismo creado a instancias de la cadena de la carne y financiado por ella, a pesar de tener participación estatal, está en la mira del Gobierno desde la histórica lucha en contra de la resolución 125, en el año 2008. Bajo sospecha de parte de su presupuesto, que hoy es de 70 millones de pesos al año –aportado por los productores (70%) y los frigoríficos (30%)- era utilizado para financiar actividades gremiales. Sospecha totalmente infundada ya que, como se sabe, el IPCVA trabajó siempre en solitario y a nivel internacional para intentar vender en el exterior lo que el Gobierno no le dejaba: el mundialmente apetecido bife argentino. Y como toda esa actividad caía en saco roto, dedicó parte de su presupuesto a financiar actividades de capacitación de productores y de manipuladores de la carne, como es el curso «Carnicerías Saludables».
Cumpliendo seguramente con las órdenes de la Presidenta o de Axel Kiccilof, el ministro de Agricultura, Carlos Casamiquela , preparó ahora un proyecto para lograr lo que no pudieron ni Guillermo Moreno ni Julián Domínguez: tomar la conducción del Instituto, manejar la caja de 70 millones de pesos y dedicar una tajada a la promoción de otras carnes. Si explicar, por ahora, si las demás cadenas también harán su aporte. Por lo pronto, las relaciones de consumo entre ellas es la siguiente: carne vacuna 58 kilos por año; aviar 42 Kg, porcina 11 kg y pescado 9 kg, con un total de 120 kg de carne por habitante y por año.
De acuerdo con el proyecto, el nuevo organismo se llamaría Instituto de Promoción de la Carne Argentina (IPCA). Explicó Casamiquela que se está dando un «paso fundamental en el desarrollo y fortalecimiento de mercados que se encuentran en un crecimiento constante. Incluir a las cadenas productivas de carnes como la aviar, la porcina, la ovina, la caprina y de las provenientes de la pesca y la acuicultura, fomentarán aún más los diferentes hábitos de consumo del pueblo argentino».
En los aspectos prácticos y que más interesan al Gobierno, los órganos de gobierno cambiarán sustancialmente, con una mayor participación del Estado, la licuación de la representatividad de las entidades que conforman la Comisión de Enlace por el ingreso de las demás cadenas y el derecho del Ministro de Agricultura a designar al presidente del Instituto, con voto doble por sobre los de los demás miembros.
Enojos varios
El primero en responder a la propuesta oficial fue el propio presidente del IPCVA, Gonzalo Álvarez Maldonado, quien –harto de los permanentes rumores sobre el acoso de las huestes kirchneristas- le pidió a Casamiquela que hiciera público el proyecto. «Creía en la hombría de bien», dijo, al expresar que se enteró del proyecto por la prensa y que si bien sabía que hace varios años que el tema estaba en carpeta, nunca pensó que se iban a lanzar al desguace de un instituto que funciona tan bien, aunque –reconoció- no cumple con su objetivo fundacional porque el propio Gobierno restringe las exportaciones.
Para la Comisión de Enlace, está claro que, «en su último año de gestión, el gobierno nacional pretende destruir todo lo que todavía funciona en materia de impulso a la roducción agropecuaria».
«El IPCVA es un organismo que se orienta a consolidar la imagen de la carne vacuna argentina a nivel mundial, aprovechando la historia, tradición y prestigio del país en esta materia», subrayaron la Sociedad Rural Argentina, CRA, Coninagro y Federación Agraria Argentina (FAA).
Las entidades también resaltaron que el IPCVA es un ejemplo de interacción público y privada, y enumeraron algunos de sus logros: «La ampliación de la Cuota Hilton en 2.500 toneladas y la apertura del mercado chino. También el trabajo mancomunado logró que se reconozca a la Patagonia como zona libre sin vacunación, se consiguió la asistencia económico-legal en el panel de la Organización Mundial de Comercio y se fidelizó un trabajo constante con embajadas para el posicionamiento de la carne vacuna», manifestaron, para añadir ahora la cuota de carne de feed lot a la Unión Europea.
Para Eduardo Buzzi, quien en un mes abandonará la conducción de la FAA, el peligro es que el Gobierno deje al instituto en manos de la Cámpora como ya hizo con Aerolíneas Argentinas.
Desde la Sociedad Rural de Río Cuarto, su presidente, Eduardo Bagnis, recordó que ya hicieron lo mismo con el Renatre, un organismo fundamental para la lucha contra el trabajo en negro y la defensa de los derechos de los trabajadores rurales, donde se trabajaba en consenso entre las entidades del campo, la UATRE y el Estado. A su juicio, en ese caso el «enemigo» no sólo eran los productores sino también el gremio de Jerónimo «Momo» Venegas, dirigente justicialista y abierto opositor al gobierno de Cristina.
Algo similar pasará el mes próximo con los fondos que se recaudan con los formularios 1116 para el comercio de granos y que hasta ahora se emiten en las filiales de la Federación Agraria Argentina (FAA) y que representa más de la mitad del presupuesto de la entidad.
También obligó a que muchos entes de vacunación contra la aftosa se separaran de las sociedades rurales que los cobijaban, a fin de evitar el uso gremial de los fondos que allí se recaudan por el manejo de la vacuna.
Para Bagnis, resulta lamentable que se desguace un organismo como el IPCVA que tanto esfuerzo demandó para su concreción por parte de los productores ganaderos, que inicialmente hacían un aporte voluntario para promover las exportaciones de carne vacuna y que finalmente lograron que con la creación del Instituto se oficializará un aporte fijo por cada animal que va a faena.
«Pero está claro que, ya en su despedida, el Gobierno quiere aniquilar todo lo positivo que pueda haber en un sector al que ha diezmado con las retenciones, el desdoblamiento cambiario, la intervención de los mercados y el más distorsivo de los impuestos que es el inflacionario, al que insiste en desconocer», concluyó.
Jorge Vicario
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PUNTAL TRANQUERA ABIERTA