Operadores inmobiliarios admiten que los arrendamientos están estancados y que se concretaron muy pocos. Economistas explican que la incertidumbre y la ecuación negativa en la actividad son determinantes
Las semanas corren y las definiciones en el sector agropecuario siguen postergándose. El clima político y el ruido económico surgido en las últimas semanas se sumaron a lo que venía siendo un cuadro complejo que los productores explicaban con suba de costos, caída de precios internacionales de las commodities, presión impositiva en alza y las deformaciones en el proceso de comercialización que provocan los ROE.
La traducción fue: esperar hasta que aclare. El primer mojón que busca sortear buena parte de los productores es el del 9 de agosto y tener una encuesta cierta en la mano para intentar descifrar el futuro político del país. Básicamente, quién será el próximo habitante de la Casa Rosada para, a partir de ahí, bucear qué políticas incluye en su maletín para el agro.
El primer pedido es recuperar competitividad. Para ello se analizan varias alternativas por parte de las principales entidades del campo. Algunas de ellas incluyen un ajuste del tipo de cambio, pero con acompañamiento de otras medidas complementarias que permitan que los efectos se prolonguen en el tiempo y no ocurra como con la devaluación impulsada en enero de 2014, que se licuó en un semestre por la fuerte inflación siguiente.
«Se está dando una situación en la que posiblemente sea el año en el que más se demoren los acuerdos entre propietarios y arrendatarios. Esto se debe a que, primero, los números ya no cierran para ninguno de los dos en estas condiciones actuales de precios y costos. Y seguramente los plazos se prolongarán buscando contar con más elementos para decidir», explicó el economista de Fada, David Miazzo.
Alejandro Picco asesora a empresas y productores agropecuarios y no dudó en señalar que este año los arrendamientos vienen demorados y atribuyó eso a «la gran incertidumbre que existe entre los que deben tomar las decisiones, tanto los propietarios como quienes quieren alquilar», dijo.
El arribo a esta situación no fue intempestivo y se venía incluso advirtiendo desde hace tiempo. La caída constante de los precios internacionales de las commodities sumada a los incrementos en los costos internos de producción y fletes, insinuaban el desembarco hacia un embudo. Lo paradójico de este escenario es que se dio en medio de una cosecha récord como la que acaba de concluir. «Menos mal que fue con rindes muy altos, si no la situación hubiese sido mucho más grave todavía», explicó ayer un dirigente agropecuario a PUNTAL.
La estimación de márgenes de la Bolsa de Cereales de Córdoba arrojó que, en esta campaña gruesa que finalizó, en el caso de aquellos que sembraron soja en campo propio el margen neto se redujo significativamente de 314 dólares a 60 por tonelada; mientras que los que alquilaron directamente terminaron con ecuación en rojo dentro del departamento Río Cuarto.
Con ese antecedente y números que siguen deteriorándose, las posibilidades de nuevos acuerdos se vuelve más compleja.
En los últimos años se fue dando un retorno a viejos esquemas de arrendamiento. Hasta las campañas de 2011, el pago se hacía en muchos casos por adelantado y con un elevado volumen. Después empezaron a retomar los esquemas mixtos, y ahora el porcentaje a cosecha parece volver con más fuerza. «Se intentan disminuir riesgos para ambos», explicaron operadores del medio.
«La competitividad del sector no sólo se puede pensar a través de tocar el tipo de cambio, sino que básicamente hay tres variables que hay que pensar: retenciones, ROE y tipo de cambio», remarcó Miazzo.
Es que el economista recordó lo que implican los ROE en términos de costos para el productor: en el maíz, un 18% y en el trigo, un 28%. Quitando cualquiera de esos dos obstáculos se termina generando un margen importante de recursos. Es la brecha que se define entre el Fas teórico (el valor internacional del grano menos las retenciones) y lo que efectivamente percibe el productor por su cosecha.
En el caso del trigo, la distancia es mayor por la gran distorsión en la cadena comercial en la que sectores concentrados terminan fijando las condiciones del resto, en particular los exportadores.
Para el maíz, la Bolsa de Rosario acaba de publicar que la intención de sembrar en el arranque de la primavera cayó 40%. Como se recordará, la última campaña recortó un 20% de superficie y sobre eso se proyecta un retiro mayor. El maíz continúa cediendo su lugar a la soja y con eso, la sustentabilidad del sistema continúa deteriorándose por el impacto sobre el suelo.
«El mercado está quieto porque no se sabe bien qué pasará con todas estas variables. Parece estar claro que de esta manera no se puede continuar porque cada vez la situación es más apremiante. Comenzó con las economías regionales y avanzó hasta los cultivos de la Pampa Húmeda. Ahora, hay que ver cuáles son esos cambios que pueden venir y eso depende mucho de quién sea el próximo presidente», explican desde el sector.
PUNTAL