
Todo parece indicar que a partir de la semana próxima se comenzará a definir la siembra tardía con un entusiasmo que llegaría a revertir una tendencia negativa que meses atrás parecía insuperable. El tiempo ayuda
El sector agropecuario llega a las elecciones presidenciales 2015 sumido en una de las crisis de rentabilidad más importantes de los últimos años, sobre todo en lo que se refiere a la actividad agrícola, pero con enormes expectativas acerca de un posible despegue apenas se modifiquen algunas de las variables que lo agobian: el elevado nivel de retenciones y otros impuestos, la restricción de las exportaciones, el desdoblamiento cambiario, que obliga a comprar a $15 y vender a $9,60 menos las retenciones, y –ya en el plano internacional- la caída de los precios de los commodities.
Con unos 45 millones de toneladas en los silos y un Niño que apunta a seguir descargando sus lluvias en el área agrícola, sólo algunas correcciones benéficas a las distorsiones que el kirchnerismo introdujo en los mercados serían suficientes para que los motores del campo volvieran a arrancar: tanto en la siembra de los granos de cosecha gruesa 2015/16 cuanto en la apertura de una «alcancía» de más de 14.000 millones de dólares que los productores podrían inyectar al mercado. Para ello y de acuerdo con datos oficiales, los productores aún conservan en su poder 25,7 millones de toneladas de soja (25% de la producción 2014/15), 16,5 millones de toneladas de maíz y 2,95 millones de toneladas de trigo.
Esa reserva que los productores intentan mantener entre cosecha y cosecha, adquieren hoy una importancia inédita ante las expectativas de cambio que los candidatos presidenciales han logrado crear entre los electores del campo, no sólo porque los posiciona mejor para encarar la siembra de maíz tardío y la soja de segunda, sino también por las divisas que podrían ingresar al país para reactivar la alicaída economía del interior.
Promesas electorales
Para algunos analistas, como Alejandro Ramírez, las expectativas de la mayoría de los productores están centradas en las promesas electorales del candidato de Cambiemos, Mauricio Macri, quien se refirió específicamente a la apertura de las exportaciones, la quita de las retenciones a los granos –con excepción de la soja, que bajaría gradualmente- y el sinceramiento cambiario. Esto sería, a su juicio, lo que el interior productivo votó en la primera vuelta cuando le dio el triunfo al jefe de Gobierno porteño en muchas áreas rurales.
Esto en contraposición con las vagas expresiones de «corregir lo que haya que corregir» o que «nadie se quedará sin sembrar», del candidato del Frente para la Victoria, Daniel Scioli. Expresiones que si bien no llegan al grado de promesa, permitirían mantener igualmente algunas expectativas de cambio ante un eventual triunfo oficialista.
Tanto los distribuidores de semilla cuando los analistas de la Bolsa de Comercio de Rosario corroboran ese cambio en el «espíritu» de los productores hacia la conclusión de la etapa de siembra, que se nota –por ejemplo- en ligeras declinaciones de las posiciones más lejanas del mercado de futuros, previendo una recuperación del área de siembra de maíz y, por consiguiente, en los volúmenes disponibles a cosecha.
Cambio de tendencia
Así lo explicaron los autores de la Guía Estratégica del Agro de la BCR, al afirmar que el cambio en la psicología de los productores «lograría revertir parcialmente la caída interanual del área sembrada y el volumen de producción, los cuales alcanzarían unos 3,6 millones de hectáreas y 20,2 millones de toneladas respectivamente».
Coincidiendo con este panorama, el director ejecutivo de Maizar, ingeniero agrónomo Martín Fraguío, dijo en Córdoba que, tal como ocurre ante todo cambio de gobierno, los productores apuestan a la siembra. «Más cuando reciben algunas señales alentadoras» que los empujan a dejar atrás los pronósticos de baja en el área de siembra.
Cuando aún no se decía nada sobre las probables medidas para el campo, se estimaba que la caída del área maicera podría llegar al 40%, con un fuerte impacto en las economías regionales de las provincias más productivas, como Córdoba. Con las PASO primero y con la primera vuelta, después, la tendencia comenzó a revertirse y hoy se espera que el maíz mantenga la misma área de siembra del año pasado y que la soja, que iba a crecer nuevamente a expensas del cereal, no modifique demasiado su superficie total.
La idea que subyace, en definitiva, es que la comercialización de los granos que hoy están sembrando se realizaría en condiciones mucho más favorables que las actuales y eso tendría un fuerte impacto en zonas maiceras como este sur de Córdoba.
Jorge Vicario
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