De Raedemaeker y su mensaje al Gobierno: “Todavía se puede evitar el conflicto”

El ex titular de Cartez y actual vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) dijo que “apostamos por el diálogo, pero no estamos dispuestos a que nos charlen”. En una columna de opinión también afirmó: “Las causas de la crisis recurrente de este país no deben buscarse en quienes producen sino en aquellos que hacen una pésima administración pública de los ingresos que se generan a través de la producción”.

 

La siguiente es la columna de opinión de Gabriel de Raedemaeker, ex presidente de Cartez y actual vicepresidente de CRA:

“El 23 de diciembre de 2019, en audiencia concedida a los integrantes de la Comisión de Enlace de Entidades Agropecuarias, el Presidente Alberto Fernández transmitió su firme convicción de evitar volver a cometer, en el futuro, errores de gestión del pasado de un Gobierno Nacional que lo tuvo como Jefe de Gabinete de Ministros. Aludía y hacía clara referencia a los hechos y acontecimientos que derivaron en el conflicto del año 2008 entre la administración kirchnerista y buena parte de la sociedad argentina que se vio lanzada a calles y rutas para expresar su más enérgico repudio a los intentos totalitarios del entonces Poder Ejecutivo encabezado por la actual Vicepresidente de la Nación, Cristina Fernández.

Sin embargo, las decisiones tomadas con posterioridad a aquella audiencia, ponen en evidencia que, al menos en el entorno del Presidente, no comparten esa convicción.

Continuos incrementos de la presión impositiva, restricciones crediticias para productores agropecuarios aún a tasas que en cualquier país serio aparecerían como usurarias, circulares del Banco Central que encarecen o limitan el acceso a insumos importados básicos para la producción, reiterados ataques a silobolsas o incendios intencionales de lotes de cultivos próximos a recolectar – no debidamente condenados desde el oficialismo – y un nuevo acto de avasallamiento del Poder Ejecutivo sobre el Judicial, materializado en la decisión de intervenir la firma Vicentin SAIC, lo que envía una pésima señal respecto de la seguridad jurídica de la propiedad privada, entre una larga lista de permanentes malas noticias para el campo, comienzan a generar el caldo de cultivo de una reacción que inmediatamente trae a la memoria imágenes de un pasado cercano que generó una división social, aún no cicatrizada, de gravísimas consecuencias económicas para el país.

Asimismo, el hermetismo en torno a la renegociación de la deuda externa no logró impedir que se filtrara la intención del Gobierno de ofrecer un bono cuyo rendimiento está ligado a la evolución de las exportaciones agropecuarias, lo que significa una verdadera hipoteca a futuro de la actividad productiva que le genera al país la más alta cuota de sus ingresos de divisas genuinas.

El clima de permanentes provocaciones ya es una constante y no puede disimular el objetivo torpemente expuesto en tiempos de campaña presidencial: Intención de una reforma agraria, estatización de la comercialización de granos, reedición de la Junta Nacional de Granos, globos de ensayo que no parecen haber sido lanzados al azar.

La prudencia de la dirigencia agropecuaria, acorde a las acciones a que obligan los tiempos del Coronavirus, parece no tener correspondencia en quienes pregonan y ya se muestran decididos a la reedición 2020 del “vamos por todo”.

El Presidente de la Nación aparenta tener todavía en sus manos la llave para evitar un conflicto cuyas consecuencias nos llevarían a un escenario de violencia y enfrentamientos que, quienes apostamos por la Argentina ofreciendo y poniendo a su disposición todos los días nuestro trabajo y esfuerzo, sólo queremos evitar.

Las causas de la crisis recurrente de este país no deben buscarse en quienes producen sino en aquellos que hacen una pésima administración pública de los ingresos que se generan a través de esa producción.

Sabemos que no somos ni mansos ni pocos quienes nos oponemos al destino de una dictadura disfrazada de pseudo democracia populista para nuestro país, y nuevamente comenzamos a gritar que no nos miren como a parte del problema sino, claramente, como a una parte esencial de la solución.

Apostamos por el diálogo, pero no estamos dispuestos a que nos charlen”.

 

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