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El productor también tiene abuelos jubilados y chicos en edad escolar

Columna de opinión de la Sociedad Rural de Río Cuarto, publicada en el suplemento Tranquera Abierta de diario Puntal.

 

Más allá de los reclamos puntuales, el sector agropecuario no escapa a la realidad social del país y observa con preocupación el deterioro de la calidad educativa -agravado por la pandemia- y la constante depreciación de los haberes jubilatorios, afectando a las dos franjas etarias de nuestra comunidad que requieren mayor atención.

Uno de los principales anhelos de la Sociedad Rural de Río Cuarto es poder contar en un futuro cercano con un colegio secundario de orientación agroambiental. Con la convicción de que la educación es pilar básico de toda sociedad, aboga por el retorno de las clases presenciales con los protocolos de rigor.

En un reciente informe, la Sociedad Argentina de Pediatría consideró “imprescindible” el retorno a las escuelas en modalidad presencial porque es fundamental para el desarrollo y bienestar de los niños, no sólo para la adquisición de conocimientos sino también para el fortalecimiento de aspectos emocionales y sociales, el cuidado de aspectos nutricionales, de la salud y la realización de la actividad física.

La ausencia de clases en el 2020 marcó disparidades sociales, remarcó el documento, porque “muchos adolescentes son incapaces de completar su tarea escolar por falta de dispositivos o de conectividad”.

Precisamente la conectividad es una de las grandes deudas de los gobiernos porque en zonas rurales, a pocos kilómetros de los centros urbanos, es prácticamente imposible contar con señal de internet.

El año pasado se cerraron las escuelas, pero se permitieron en muchos lugares fiestas y viajes de egresados, al tiempo que se detectaron miles de jóvenes en reuniones clandestinas sin barbijo ni distancia social. Todo un despropósito.

Por eso, hay que volver a la modalidad presencial con la responsabilidad de todos para evitar contagios, y con el compromiso gremial de recuperar la calidad educativa para evitar su continuo deterioro, como en la provincia de Santa Cruz, donde por la pandemia y los conflictos sindicales los egresados del secundario fueron sólo 2 años y 3 meses al colegio, de los 5 que correspondían.

 

El drama de los jubilados

 

Por otra parte, los productores también tienen abuelos y sufren el drama de la pandemia que sacude al sector más vulnerable.

Al alto índice de contagios entre los mayores de 70 años y el deterioro físico y mental por el confinamiento, se suman sus penurias por el irrisorio haber jubilatorio que perciben.

El presidente Alberto Fernández prometió en campaña recuperar el poder adquisitivo de las jubilaciones, pero las estadísticas oficiales indican que en el 2020 la movilidad quedó por debajo de la inflación.

Es decir, siguieron perdiendo, con una jubilación mínima actual de 19.035 pesos cuando una canasta básica para tres personas se ubica en $ 51.775 y la línea de indigencia para una familia está en 21.573 pesos.

En 2017, bajo la presidencia de Mauricio Macri, se cambió la movilidad jubilatoria, lo que provocó una violenta protesta social, con la destrucción de la plaza del Congreso, donde se arrojaron unas 40 toneladas de piedras.

Fernández dejó atrás aquella fórmula y dispuso aumentos por decreto, estableciendo luego otro sistema de cálculo.

Sin embargo, con la vieja fórmula los jubilados hubiesen cobrado 7 puntos por encima de la inflación en el 2020. Pero esta vez no hubo manifestaciones de protesta, sólo aplausos de pie de la bancada oficialista por una ley que claramente condena a nuestros abuelos.