Columna de opinión de la Sociedad Rural de Río Cuarto, publicada en el suplemento Tranquera Abierta de diario Puntal.
Por la inflación y la consecuente pérdida del poder adquisitivo de los salarios, a gran parte de la población cada vez le cuesta más acceder a la canasta básica de alimentos, a pesar de que Argentina se ha convertido en uno de los países más “baratos” debido a la constante depreciación del peso.
Una idea de cómo nuestra moneda constantemente pierde valor lo grafica la revista especializada The Economist, que elabora un índice basado en el precio de una reconocida hamburguesa, ícono de la globalización, elaborada con los mismos ingredientes en 20 países.
El relevamiento indica que el precio promedio de la hamburguesa es de 320 pesos en nuestro país y de 5,66 dólares en Estados Unidos. Tomando la divisa a la cotización del Banco Nación de 92 pesos, un argentino debe pagar 520 pesos por ese producto en territorio norteamericano, pero como sólo se consigue –a cuentagotas- el dólar solidario de 151 pesos, entonces el valor se eleva a 860 pesos. Está todo dicho…
El Gobierno busca “culpables” en los aumentos de precios, sin reparar que es el propio Estado el que dispara la inflación con la inédita emisión monetaria, el exorbitante gasto público (aquí no se cuestiona el gasto social para una necesaria asistencia a los sectores más vulnerables) y el incontenible déficit fiscal.
Por eso, en su ideología intervencionista quiso meter mano en el mercado del maíz, una medida que fue rápidamente desactivada al advertírsele el error en el que se estaba incurriendo, porque de cada mil pesos que se pagan de asado la incidencia del grano es de sólo el 7 por ciento, según un estudio de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires.
Al presidente que en campaña prometió llenar la heladera de los argentinos le preocupa que muchos sectores no puedan acceder hoy a la carne vacuna y otros alimentos básicos, o comience a ser cada vez más esporádica en sus dietas.
De ahí que cerró un acuerdo para bajar un 30% el precio de diez cortes populares.
Sería interesante que el Gobierno analice cuáles son los costos de producción que repercuten en toda la cadena para llegar al precio actual de la carne. Quizás entonces repararía que el principal componente es el “costo argentino”, donde sólo la carga impositiva incide en casi el 30% del valor total.
Medidas de golpe mediático
El acuerdo por los cortes populares es muy cuestionado e, incluso, hay “fuego amigo” como el de Alberto Samid, quien lo calificó como “un muy mal arreglo”.
«Como peronistas tenemos que decírselo al Gobierno: es un pésimo arreglo porque el 70 por ciento de esta carne son vacas; es el sobrante de exportación que no se llevan los chinos», dijo el “rey de la carne”, en diálogo con el canal C5N.
La medida es más efectista y de publicidad mediática que efectiva, porque sólo cubriría por mes en volumen no más del 3% del mercado interno.
Según se informó, estos cortes estarán en 1.500 bocas de expendio de grandes cadenas, desatando además una competencia desleal para las pequeñas carnicerías, y de improbable acceso para las postergadas poblaciones del interior, a donde esos supermercados no se radican por no ser rentables.
Es hora de que el Gobierno abandone el “fútbol para la tribuna” y disponga medidas serias para contener la inflación, reducir el gasto público y el déficit, construir confianza y dar previsibilidad. Si no, consumidores y productores primarios seguirán siendo los rehenes de una economía distorsiva.