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El valor del diálogo y la necesidad de tener un horizonte previsible

Columna de opinión de la Sociedad Rural de Río Cuarto publicada en el suplemento Tranquera Abierta de diario Puntal.

 

El compromiso del presidente Alberto Fernández de no subir los derechos de exportación ni intervenir los mercados constituye un punto de partida que puede conducir a la búsqueda de consensos para producir más y con calidad, incrementar las ventas al exterior y abastecer adecuadamente al mercado interno, siempre que el diálogo sea fluido y las medidas que se adopten no sean inconsultas.

Después de las fuertes advertencias al campo de diversos funcionarios y del propio Presidente, no deja de ser un aliciente la reunión que mantuvo el miércoles el primer mandatario con la Mesa de Enlace.

Los referentes del campo salieron a explicar por distintos medios que los productores no son formadores de precios y que los aumentos en los alimentos encuentran distorsiones en otros eslabones de la cadena comercial y, fundamentalmente, en los altos índices de inflación que erosiona el poder adquisitivo de la ciudadanía.

Si bien la reunión dejó buenas sensaciones para restablecer el diálogo, el campo no deja de sostener sus principios básicos en defensa del productor, con la convicción de que su aporte para contribuir con el país y la mesa de los argentinos es por demás generoso, con una transferencia superior a los 100 mil millones de dólares al Estado desde la instauración de las retenciones, sin que se haya rendido cuentas del destino de ese aporte extraordinario.

La reafirmación de que el productor no es formador de precios, que los granos tienen escasa incidencia en el valor final de los alimentos, que la suba de éstos obedece a otras distorsiones y que su contribución al Estado es fabulosa se puede graficar con algunos ejemplos.

Retenciones.- De los 50 países que más exportan, sólo 5 aplican retenciones: Indonesia, Rusia, Hungría, Argentina y Kazajistán, ubicando a nuestro país en el podio de los derechos de exportación, con alícuotas del 33% para la soja y del 12% para maíz y trigo, según el informe de Index Mundial. Esto resta competitividad y la posibilidad de incorporar más tecnología para una mayor y mejor producción.

Precios.- Desde distintos sectores del Gobierno se alienta un “desacople” de los precios internacionales y los locales. Este desacople se da con creces en el caso del productor primario debido a las retenciones y a la política cambiaria. A valor actual, recibe 29.200 pesos por tonelada de soja, ya que se le paga a un dólar oficial y con 33% de retenciones. En cambio, sin los derechos de exportación y con un dólar de mercado (Bolsa, contado con liqui o solidario) le correspondería percibir más de 70 mil pesos por tonelada.

Brecha.- La brecha de precios de la tranquera a la góndola subió fuertemente en diciembre y se ubica en 4,68 veces promedio. Es decir que el productor recibe 10 pesos y en la góndola ese producto se vende a 46,80.

Impuestos.- La presión tributaria es la que mayor incidencia tiene en la formación de precios, más aún cuando el gobierno decidió restituir el IVA a los alimentos. El 41,3% del valor final de un producto son impuestos. Es decir que de una compra de 3.000 pesos, más de 1.200 son de carga fiscal.

Por eso es necesario revisar y sincerar toda la cadena de comercialización. El campo sigue apostando al diálogo y sólo persigue un horizonte de previsibilidad que le permita incorporar  tecnología y realizar inversiones para producir un shock productivo, para que ingresen los dólares que tanto necesita el país y para abastecer con calidad la mesa de todos los argentinos.