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Señales confusas en medio de un tránsito no exento de dificultad

Las salidas de las crisis no son gratis y muchos argentinos hoy sienten el impacto de un tránsito complejo y plagado de obstáculos. Por supuesto que si además la crisis es profunda, como ocurre en Argentina, la situación tiende a ser aún más gravosa y de más lenta recuperación.
En ese marco es imperioso que las señales de parte de quienes tienen responsabilidades funcionales en el país sean nítidas y contundentes. Sin embargo, no son pocas las ocasiones en las que a las problemáticas reinantes se superponen estímulos negativos.
Esta semana en particular vino a coronar, con altos decibeles, un ruido múltiple sobre el escenario. Y uno de los orígenes de esa confusión llegó desde el Congreso de la Nación, que por momentos se ve tentado a ratificar que existe una dimensión paralela a la realidad que viven los argentinos desde hace un buen tiempo a esta parte.
La situación de las dietas de los senadores volvió a irrumpir por segunda vez en el año en medio de un contexto en el que los argentinos decidieron acompañar un cambio de rumbo ante una situación insostenible, lo que incluye un alto costo para una gran mayoría. Ese vasto sector de argentinos que incluye trabajadores, pequeñas empresas de diferentes rubros, pequeños y medianos productores, comercios e industrias, inicia cada día poniendo el máximo esfuerzo para intentar sostenerse en el camino y divisar la orilla de enfrente. Sin dudas está dando más de lo que muchos imaginaban. Están dispuestos a un gran sacrificio y esperan que finalmente aporte a un horizonte mejor. Pero no todos parecen sintonizar el mismo grado de compromiso en la causa. Y lo que es más llamativo es que quienes están en la vidriera de la función pública intentan desmarcarse. Es lo que volvió a mostrar el Senado de la Nación cuando trascendió esta semana que por una disposición de “enganche salarial” con el personal de planta de la Cámara Alta iban a recibir un incremento salarial que dejaría a cada legislador con un ingreso mensual próximo a los 9 millones de pesos. ¿Es demasiado para un senador de la Nación? Tal vez en esa pregunta no radique el origen de la señal negativa que dio ese cuerpo legislativo, ni la evidente reacción adversa lograda, porque posiblemente haya sobrados argumentos para justificar ese haber mensual. Pero sin dudas el contexto es un factor que no se puede obviar y menos desde la política, que debería tenerlo como prioridad, embebido de primera mano porque es la materia de trabajo diario.
Es en el contraste donde radicó otra vez una señal negativa y que deja al conjunto de los senadores en una dimensión diferente. Se podría sumar que además de los haberes gozan de una serie de beneficios adicionales, extendidos cuerpos de asesores que en muchos casos superan el plantel de muchas pymes argentinas, pero eso volvería el debate a un punto en el que quizá no es el momento de profundizar. Sí en la empatía que cada representante de provincia en el Congreso logra con su entorno, que padece seriamente la ineficiencia en la gestión pública acumulada en décadas. Tras la difusión de la recomposición de ingresos en marcha hubo una reacción de los legisladores que finalmente acordaron desactivarlo. ¿Influyó la respuesta de la sociedad para revisar la medida? Todo parece indicar que sí.
La materia pendiente será que en próximos capítulos no haya revisión por la reacción, sino que pueda haber empatía y anticipación a los hechos de cualquier índole, una virtud que también debe ser abonada con mayor intensidad desde la práctica política. Porque en los tiempos de crisis, cuando hay excepciones autorreguladas se puede desatar un efecto de debilidad en las convicciones de la sociedad para sostener el rumbo de cambio.