El intento de convertir a una triple decisión judicial en un golpe a la democracia resulta por lo menos inexplicable.
En un sistema republicano, la división de poderes es la custodia del equilibrio y el remedio ante tensiones que puedan provocar actores de la vida institucional. El contrapeso es garantía del funcionamiento. Cuando uno de los poderes prevalece sobre los otros, o hay una intención de que así sea, todo se vuelve difuso. El horizonte en la vida de los ciudadanos se complejiza.
En ese esquema, el Poder Judicial es el contralor de los otros dos. Y para garantizar el derecho a la Justicia es que a su vez existen instancias de alzada. El fallo en la causa Vialidad pasó por los tres escalones posibles, hasta dirimirse en la Corte, donde fue ratificado por unanimidad. Intervinieron numerosos jueces y fiscales, y todos coincidieron en el veredicto. Tal vez la excesiva demora, en esta y otras muchas causas que se dirimen en distintos tribunales, provocó también cierto descreimiento en las instituciones.
No hay riesgo para el sistema cuando los poderes cumplen con su rol. Sólo hay riesgos para la democracia cuando uno de ellos interviene y decide por alguno de los otros dos. No hay democracia si no hay un estado de derecho firme. Por eso, los acontecimientos de hoy ayudan a generar esperanzas por una Patria mejor para todos.
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