La decisión del Gobierno nacional de cumplir con su promesa de bajar la agobiante presión tributaria que se fue construyendo en la Argentina durante las últimas décadas es una señal alentadora para el sector privado y una iniciativa para celebrar.
Puntualmente la nueva reducción permanente de los derechos de exportaciones a los granos que anunció el ministro de Economía, Luis Caputo, es siempre oportuna y necesaria para devolverle competitividad a un sector que, pese a su potencial, innovación y talento, fue acorralado en el estancamiento.
Es otro paso en el sentido correcto, en un camino que todavía tiene mucho recorrido por delante. Sin embargo, es imperioso reconocer que se avanza en el compromiso asumido y que, además, se lo hace luego de haber cerrado un proceso electoral y no durante la campaña para buscar un rédito en las urnas.
Los productores necesitan que los derechos de exportación sean eliminados cuanto antes porque las ecuaciones económicas son complejas. Pero también, porque eso implicaría alentar inversiones y potenciar la producción, rompiendo con el estancamiento y habilitando, por fin, la posibilidad de crecimiento productivo.