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Una actividad que necesita largo plazo y escapar a la coyuntura

Mientras los productores agrícolas siguen avanzando en la primera etapa de la campaña gruesa y van cerrando la fina, y los ganaderos esperan que se consolide la recuperación de precios para volver a tener una cadena virtuosa en todos sus eslabones, la necesidad de ir desmalezando el horizonte se hace cada vez más imperioso, por ecuaciones que siguen en un terreno de extrema dificultad.
Y en esa perspectiva las balizas no terminan de encenderse. No sólo en cuanto a políticas claras y necesarias para el sector, sino en interlocutores válidos y estables. Esta semana se informó que el secretario de Coordinación de Producción, Juan Pazo, dejó ese lugar para secretario de Relaciones Económicas Internacionales en la Cancillería. Pazo se había convertido, desde su estrecho vínculo con Luis Caputo, en una pieza clave en la relación con las entidades agropecuarias, más allá de la presencia del Secretario de Agricultura y Ganadería, Sergio Iraeta, que asumió a mitad de año en reemplazo de Fernando Vilella, pero con un margen de acción acotado. La señal del Gobierno fue clara: Pazo era el interlocutor válido para la política agropecuaria; y así se desempeñó en estos pocos meses que estuvo en esa función. En promedio, el interlocutor del agro tiene una duración de 6 meses en la actual gestión, y eso claramente debe ser necesariamente una problemática a atender. Más allá de que son más importantes las políticas que los funcionarios, es una obviedad que el cambio permanente de interlocutores tiende a ralentizar los avances cuando no a paralizarlos. Discusiones, debates e intercambios que se fueron dando a lo largo de un tiempo vuelven a foja cero cuando una de las partes cambia. Amén de que muchos de esos cambios suelen ocurrir también porque se buscan nuevas improntas, otros puntos de vista o directamente renovadas direcciones para una cartera en particular.
Lo cierto es que en la secretaría agropecuaria el Gobierno buscó primero avanzar con una impronta diferente bajo el rótulo de Bioeconomía con el que la cartera permaneció unos pocos meses, hasta la renuncia de Fernando Vilella y parte de su equipo, que a su vez comenzó a desgranarse durante su gestión. Finalmente el 10 de julio se anunció su reemplazo por Sergio Iraeta, que reinstaló el nombre de Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, pero, como se dijo, con escaso margen de acción porque por entonces el Ministerio de Economía decidió tomar el control con la figura de Pazo, que ahora acaba de pasar a Cancillería y en su lugar estará Pablo Lavigne, quien estaba al frente de la Secretaría de Comercio. ¿Será Lavigne el nuevo interlocutor del campo o habrá una redefinición de Iraeta?
A un año del inicio de la gestión del presidente Javier Milei, y destacando sobre todo la estabilidad macroeconómica que pocos podían imaginar a esta altura en la Argentina, fruto de medidas acertadas que permitieron ordenar lo que era un gran desaguisado con final incierto, también es imperioso comenzar a estabilizar relaciones y proyectar medidas más allá de la coyuntura para que la producción empiece a ser y parecer un eje central de la gestión.
La búsqueda permanente de superación es un gran objetivo, pero un torbellino de cambios puede constituirse en un obstáculo más para una actividad que necesita previsibilidad y decisiones para comenzar a recuperar el tiempo perdido durante tantos años. Hoy, con un contexto complejo por una ecuación económica desafiante para los productores se requieren decisiones y acciones rápidas. Para eso, es imperioso contar con un interlocutor válido por aval político y conocimiento técnico.